domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Es mejor utilizar marcos históricos o de ficción?

El Worldbuilding. Ese elemento aterrador para todo escritor. Esas horas y horas definiendo cosas nimias que apenas saldrán en la novela: sistema monetario, religiones, acentos, jergas y un interminable etc. Esa eterna investigación de un mundo que, aún, no ha sido creado. 

Es normal que muchos se pregunten: ¿puedo, de alguna forma, saltarme todo eso? ¿No sería mejor opción utilizar un marco histórico? Muchos creen que recurrir a un marco histórico te quita mucho trabajo de encima pero... ¿es eso cierto?

Hoy, anilizaremos los pros y las contras de cada tipo de marco que podemos emplear para nuestras novelas.




1. Marco de ficción.

Inventar de 0 todo un mundo. Te da un libertad absoluta a la hora de crear cosas inimaginables en nuestro mundo. Como, por ejemplo, sistemas de gobierno inpensables para nosotros, distintas razas o etnias e, incluso, una geografía distinta. 

Es el marco perfecto para novelas de fantasía porque te deja libre para poder innovar e inventar todo ese mundo en el que nuestros personajes cogerán forma. 

Sin embargo, la pega es que tiene un laborioso trabajo detrás. Debes inventar absolutamente todo acerca de ese mundo. Para muchos escritores esto no es más que un plus más para desarrollar una idea, pero es cierto que para muchos esto termina siendo algo tedioso.

2. Marco histórico.

Utilizar un marco histórico para desarrollar una historia que o bien fue real o podría haberlo sido perfectamente. Se trata de un marco que te viene ya creado y que el autor simplemente acomoda a su historia. 

Sin embargo, no es tan sencillo como lo acabo de exponer. Igual que en el punto anterior, deberás investigar mil detalles para poder dar credibilidad y autenticidad a tu marco histórico: sistemas monetarios, sistema de gobierno, personajes históricos y un largo etc. 

Otro punto en contra es que la Historia es inamovible, por lo que te deja poco margen a la innovación. No puedes escribir una novela en la que Isabel la Católica asesinara a su marido para poder dominar toda España. Mentira. Puedes hacerlo, pero no estarás empleando un marco histórico. 

Escribir una novela histórica ata tus alas de escritor dejándote, la mayor parte del tiempo, en tierra. Por eso, es muy habitual que escritores que se sientan fascinados por la historia empleen el siguiente tipo de marco.

3. Marco histórico con elementos ficcionales

En la vida no todo es blanco o negro, tampoco vivimos en una escala de grises. La vida y, con ella, la creación literaria, es un estallido de color. Y es por eso que este tercer tipo de marco es tan habitual encontrarlo. Se trata de partir de una base histórica pero, al mismo tiempo, introducirle elementos ficcionales. Os pongo un ejemplo: En los alrededores de la antigua Roma, un cónsul, en una exploración, descubre una espada capaz de cortar cualquier cosa pero que, al tomarla por la empuñadura, le susurra palabras dentro de la cabeza.

¿Qué grandes pros tiene este tipo de marco? Convergen, en él, los pros de ambos tipos: te da libertad para innovar e inventar mil tramas en nuestro mundo pero, al mismo tiempo, necesita una base histórica donde trabajar. De una forma bastante curiosa, introduces elementos ficcionales dentro de la historia, que es algo que llama mucho la atención.

¿Contras? Igual que ambas, tiene mucho trabajo detrás, pues debes investigar la parte histórica e inventar la parte ficcional. 



En definitiva, todo marco tiene una gran currada detrás, eso es algo que nadie nos va a poder evitar. Sabiendo esto de antemano,
¿qué tipo de marco te atrae más?



Como siempre, os recuerdo que podéis suscribiros a mi newsletter, donde mensualmente os resumiré mis entradas y podréis acceder a material que diseñe especialmente para vosotros ^^  
 
¡Y seguid escribiendo!

sábado, 3 de septiembre de 2016

¿Cómo escribir buenos diálogos?

No hace mucho, angustiada por qué publicaría, solté una pregunta al aire por Twitter y, entre otras, salieron los diálogos. Diálogos. Ese trocito de texto que viene encabezado por un guion y que muchos autores se creen que no es más que una extensión de la voz del narrador. ¿No os ha pasado nunca toparos con un libro en el que los diálogos no aportan nada? ¿O bien diálogos que no representan a los personajes que supuestamente lo pronuncian? ¿No os ha pasado encontraros con un texto en el que TODOS los personajes hablan exactamente igual? Estoy segura que os habéis topado con algo así alguna vez en vuestra experiencia lectora. Ahora bien, ¿qué podemos hacer nosotros para crear unos diálogos decentes? 


1. Crear distintos tipos de voces dependiendo de los personajes

De la misma forma que las huellas dactilares son únicas, el tipo de voz empleada también lo es. No os confundáis, no estoy hablando de voces chillonas o graves, sino de la forma que tiene una persona de expresarse. Dos personas no hablarán jamás de la misma forma, ya sea por su formación y cultura, por sus raíces geográficas o, simplemente, por su personalidad.

No os lo explico, os lo ejemplificaré para que quede todo más claro. Pongamos una misma situación: una persona está explicándole a otra que, el día anterior, alguien le golpeó por la espalda y lo dejó inconsciente en el suelo. 

Personaje 1: Creo que ese bastardo de Sam me la ha vuelto a jugar. Oh, no te rías, seguro que sigue cabreado conmigo por aquel asunto con Therisse, ¡pero está vez se ha pasado tres pueblos! Ayer se me tiró alguien encima, ¡por la espalda! Me zurró la cabeza con algo y me dejó tirado en el suelo. ¡En mitad de la calle! ¡Ese imbécil me las pagará!

Personaje 2: Traición, sir Greenhall, traición. Alguien osó atacarme por la espalda, ¡vil cobarde!, y dejarme tendido sobre el suelo. ¿Podéis creérlo? A mí, A MÍ. Emperador de toda Colonia. Dejarme tirado como un vulgar perro. Tened por seguro que me vengaré y veré colgada la cabeza de ese cobarde.

Dos hombres que cuentan la misma historia y tienen la misma reacción: vengarse. Sin embargo, ¿se nota la diferencia, verdad?

Un buen ejercicio para crear voces es crear una situación y protagonizarla por dos personajes distintos, con clases sociales y personalidades diferentes.

2. Pronunciación, acentos y muletillas.

Muy ligada al punto anterior. Una persona hablará distinto al resto no sólo por su condición social y personalidad, sino también debido a acentos o muletillas. Por ejemplo, si en nuestra novela fantástica queremos destacar el acento ceceante de un habitante extranjero deberíamos modificar su texto para crear esa sensación:
Creo que ece bastardo de Zam me la ha vuelto a jugar. Oh, no te rías, ceguro que cigue cabreado conmigo por aquel azunto con Therisse, ¡pero está vez ce ha pasado trez puebloz!
Y sí, en cambio, ¿deseamos que este personaje use muletillas?
Creo que ese bastardo de Sam me la ha vuelto a jugar, ¡joder! Oh, no te rías, seguro que sigue cabreado conmigo por aquel asunto con Therisse, ¡pero está vez se ha pasado tres pueblos! ¿Me has oído?
Estos mecanismos sirven para definir mejor a un personaje: los acentos lo diferenciarán de forma visual de los demás y las muletillas le darán más fuerza a su personalidad. 

3. ¿Qué sensación se quiere transmitir y cómo explotarla?

Todo, absolutamente todo, dentro de tu novela tiene que tener un objetivo y un fin. Poner un diálogo sólo por ponerlo es estúpido. Todo deberás mediatarlo bien, pero especialmente los diálogos. Cada diálogo debe servirte para transmitir una idea o una sensación concreta. No es lo mismo un diálogo que sirve para presentar a un personaje que el discurso final del malo-malisimo que, por cierto, ¿por qué coño siempre pierden el tiempo explayándose con el héroe en vez de asesinarlo de forma rápida? 

Volviendo al tema. Cuando quieras introducir un diálogo, debes siempre plantarte una pregunta: ¿para qué servirá este diálogo? Imaginemos que deseamos un diálogo para presentar un personaje. Deseamos que se note su prepotencia, su vigor y su vanidad. Entonces, el texto anterior sobre el emperador de la supuesta Colonia sería ideal.

Pero, existen mil tipos de diálogo, ¿y si quieremos ver a este mismo personaje cortejando a una dama? Cambiará notablemente el registro. Pero si se quiere transmitir la idea de que sólo lo hace para conseguir asentarse mejor al trono por herencia sanguínea o incluso que la obliga bajo coacción, cambiará muchísimo más.
Mi dulce flor, ¿por qué seguís negándoos a uniros a mí? Pronto estaréis sola en el mundo y no tenéis quien os cuide, ¿quién mejor que yo para ocuparme de esa labor? No olvidéis jamás como murieron vuestros padres, milady, seguro que no deseáis lo mismo para vos ni vuestro pequeño hermano.
4. Leérlo en voz alta

Los diálogos son un intento vano de captar por escrito la lengua viva, la lengua hablada. ¿Qué mejor forma de ver si se está haciendo un buen trabajo que leérlo en voz alta?

Leérlo entonádolo tal y como desearías que sonara en tu mundo, te ayudará mucho a ver en qué puntos flojea o pierde ritmo tu texto. Recuerda siempre que se trata de un texto que no tiene porque ser correcto gramaticalmente, sólo tienes que intentar captar la esencia de tus personajes en las palabras que ellos pronunciarían de estar realmente vivos

5. Evitar los monólogos: los diálogos son dinámicos

No hay cosa que más me horrorice que encontrarme largos monólogos de personajes que, en realidad, no sirven para nada. En muchas ocasiones, no hacen más que realizar el trabajo del narrador. Un diálogo, para mi, debe ser dinámico. ¿O es que acaso, de forma natural, permaneces hablando sin interrupción durante media hora? ¿No es más normal que te interrumpan a mitad de una frase, que te corten la palabra o que, sin más, tus intervenciones sean más cortas? 

En un punto aparte estarían las narraciones de cuentos o historias dentro de tu novela, o un discurso político o militar. Pero al tratar un diálogo entre personajes, evita al máximo los monólogos. Fomenta la interacción entre tus personajes de forma más natural y dinámica. Piensa en todo momento que estas escribiendo para que alguien te lea y un diálogo siempre se hace más ameno que un largo monólogo, a pesar de que se transmita exactamente la misma información.


¡Y eso es todo por hoy!
¿Cómo se te dan los diálogos a ti?

Como siempre, os recuerdo que podéis suscribiros a mi newsletter, donde mensualmente os resumiré mis entradas y podréis acceder a material que diseñe especialmente para vosotros ^^  
 
¡Y seguid escribiendo!